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EL CENTRO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE MÉXICO
Hasta la primera mitad del siglo XIX, el espacio que hoy llamamos
Centro Histórico constituía la totalidad de la ciudad (668
manzanas, sobre una superficie de 9.7 km2).
A principios del Siglo XX, esta área que podría ser llamada más
correctamente la "Antigua Ciudad
de México", fue perdiendo su importancia relativa
en relación con la dinámica urbana de la urbe, convirtiéndose en
"El Centro" de
una ciudad en constante expansión.
Pero al ir cediendo poco a poco distintos atributos de la centralidad
a otras zonas de la ciudad (Corredores urbanos de Reforma e Insurgentes,
Desarrollo de Santa Fe, etc.), terminó reduciéndose - en percepción
de amplios sectores urbanos - a su función simbólica/patrimonial,
convirtiéndose en el "Centro
Histórico" de una metrópoli de más de 17 millones
de habitantes.
En poco más del 1% del área urbana del Distrito Federal, y con
un población de menos de 200,000 habitantes, este espacio
reúne la casi totalidad de sus principales problemas y desafíos:
deterioro habitacional, desempleo y subempleo, marginalidad y exclusión
social, inseguridad y violencia, drogadicción, congestión vial y
contaminación, bajos niveles educativos de la población, conflictos
entre sectores sociales, etc.
El deterioro del Centro Histórico está, por otra parte, fuertemente
vinculado con una importante transformación de su economía. La salida
del área de importantes actividades económicas (fábricas de ropa
y el mercado al mayoreo de La Merced), además de provocar el abandono
de muchos inmuebles, ha generado una pérdida significativa de empleo,
que no ha sido reemplazado por nuevas actividades. Por otra parte,
las crisis económicas han convertido al Centro Histórico en el último
espacio de sobrevivencia de los grupos más vulnerables de la sociedad
capitalina (indígenas, indigentes y minusválidos, madres solteras,
niños de la calle, personas de la tercera edad, etc.). Estos grupos
ocupan los edificios insalubres y de alto riesgo de la zona y alimentan
el amplio contingente de la economía “informal” que invade diariamente
las calles y las plazas del Centro Histórico.
La degradación de los espacios públicos, el deterioro de los inmuebles
por su antigüedad y la casi nula inversión de los propietarios,
la drástica disminución de la oferta de vivienda en renta, la sustitución
de las viviendas por comercios, bodegas y oficinas, así como los
sismos de 1985, han generado un agudo proceso de despoblamiento.
Entre 1970 y 1995, el Centro Histórico perdió el 40% de su población
(118,609 habitantes). La competencia por el control del espacio
urbano, entre los edificios antiguos y deteriorados y la posibilidad
de multiplicar el uso rentable mediante la construcción de edificios
con una alta densidad de uso del suelo, tiende a resolverse en detrimento
de los primeros. Ocurre lo mismo en cuanto a la competencia entre
el uso habitacional y los usos del suelo más rentables, en
particular el comercio. En este proceso, actúa también la falta
de congruencia entre el marco
normativo para la conservación del patrimonio y el de la planeación
urbana y de la construcción.
Debe añadirse a este diagnóstico, so penas de errar al momento
de definir los instrumentos para la acción, los importantes déficits
en materia de gobernabilidad. En primer término, el Centro Histórico
“sufre” la intervención desarticulada de más de 20 instituciones
locales o federales de gobierno. La falta de congruencia y unidad
de acción gubernamental dificulta la gestión de los más elementales
aspectos de orden urbano y convivencia social. En segundo lugar,
la gestión pública padece de graves déficits en materia de regulación
y conciliación de los distintos intereses opuestos (comerciantes
establecidos - comerciantes ambulantes, población residente - población
flotante, propietarios - inquilinos, etc.) y está todavía fuertemente
condicionada por la permanencia de una cultura clientelista y corporativa
fuertemente internalizada por las estructuras sociales y de gobierno.
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La zona se encuentra protegida por la Ley
Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas, Históricas y Artísticas
(1972), que establece la competencia del Instituto Nacional
de Antropología e Historia (INAH), y del Instituto Nacional de Bellas
Artes (INBA), para normar las acciones tendientes a su preservación.
La coordinación en materia
de planeación y gestión entre estos organismos federales
y el gobierno de la ciudad de México es muy problemática
y depende en gran medida de la existencia (o no) de una voluntad
de colaboración entre ambos niveles de gobierno.
Para los actores sociales y privados, el reclamo reiterado se
dirige hacia la existencia de una gran confusión y superposición
de funciones entre distintos organismos gubernamentales (la
"tramitología") y a la demanda - desde años
atrás - de que la Centro Histórico sea dotado de un
órgano de gobierno propio,
que permita unificar la gestión pública y agilizar
el diseño y aprobación de los proyectos de "rescate".
El 11 de abril de 1980, la Antigua Ciudad de México fue declarada,
por decreto presidencial, Zona
de Monumentos Históricos, creándose al mismo tiempo el Consejo
del Centro Histórico de la Ciudad de México, con el fin de
"coordinar las acciones requeridas para su recuperación,
protección y conservación". En 1990, se creó el Patronato
del Centro Histórico, fideicomitente de un organismo privado:
el Fideicomiso del Centro Histórico
de la Ciudad de México (FCH). En diciembre de 1987,
la Zona fue inscrito por la UNESCO en la lista del Patrimonio Mundial.
A mediados del año 2001, estas instituciones fueron reformadas.
El Patronato dejó de ser fideicomitente del FCH y se extinguó
el Consejo del Centro Histórico.
El 14 de Agosto de 2001, se creó el Consejo
Consultivo del Centro Histórico (125 miembros)
y se firmó entre el Jefe de Gobierno del Distrito Federal
y el Presidente de la República un convenio
de colaboración para llevar a cabo un nuevo "Programa
para el Rescate del Centro Histórico de la Ciudad de México".
Asimismo, se creó un Comité Ejecutivodel Consejo Consultivo,
integrado por diez miembros (tres del gobierno federal, tres del
gobierno del Distrito Federal y cuatro de la "sociedad"
civil), presidido por el empresario Carlos Slim Helú.
En Febero de 2002 el Fideicomiso se convirtió en un organismo
público, encargado de administrar un presupuesto de $US 50
millones para obras de infraestructura, remodelación de fachadas
y mobiliario urbano.
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